Nace Roky Mountains: un blog de raíces y puntas

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Un árbol nace bajo tierra y se ramifica a cierta altura del suelo. Este blog, Roky Mountains, nace con la voluntad de documentar música que nace de un suelo y se ramifica. De hablar de sus raíces y puntas, sus hojas y sus flores. ¿A qué suelo nos referimos? Al que parió al rock’n’roll, a lo que había antes del rock’n’roll y a lo que ha habido después. El roll. El roll eran aquellos saxofones del rhythm’n’blues incorporándose a lo que vino a continuación de Ike Turner y su “Rocket 88†de 1951. Y “Rocket 88†fue el capítulo que siguió al “Move It On Over†del Hank Williams de 1947. Blues y ritmo, country y honky tonks. The Rolling Stones en un single de 1969 con aquellas negras de “Honky Tonk Womenâ€. Y su reverso blanco del mismo año, aquel “Country Honk†que incluyeron en “Let It Bleedâ€. ¿Lo captas? A diferencia de los arbustos, las ramas secundarias de los árboles, que se producen cada año, parten de un único fuste o tronco. Y todas juntas dan lugar a una copa separada del suelo. Separada, pero unida. De todo eso, de las raíces, el tronco, las ramas y la copa se va a tratar aquí. Es decir: desde The Carter Family hasta John Doe; desde Robert Johnson hasta Allen Toussaint; desde Merle Haggard hasta Bonnie ‘Prince’ Billy; desde Neil Young hasta Magnolia Electric Co. Del río del rock’n’roll y sus afluentes. De su agua blanca y de su agua negra. De las orillas que riega y de las que regó. De las fuentes que lo alimentan y de las que se secaron. Del roll. De saxofones y pianos. De guitarras eléctricas y acústicas. De Bob Dylan, está claro. De “Nebraska†y “Astral Weeksâ€. De Fleet Foxes y del dúo de Joe Strummer con Johnny Cash. Qué grande, Johnny Cash.

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Un festival de giras

handsomeRoky Mountains se moverá en la pantalla de tu ordenador, con actualizaciones semanales. Pero también lo hará fuera de ella. Porque se va a ir de gira. Pongamos que eso ocurrirá cada tres meses, para que os hagáis una idea. La protagonista: música en directo que palpite con el mismo corazón que la que aparezca en este blog. De momento, te presentamos la primera edición del Roky Mountains On Tour, un cartel triple que quita el hipo: John Doe & The Sadies, Magnolia Electric Co. y The Handsome Family. Calidad contrastada, personalidad desbordante y un prestigio y bagaje a prueba de enciclopedias (¡Doe estaba entre los pioneros del punk estadounidense, allá por 1977!). Un evento itinerante con el aroma de este blog. Disfrútalo, que de eso se trata.

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“If This Is Love, Can I Get My Money Back?” (1981), Charlie Pickett

bar_band_americanusSituándose en esa encrucijada donde está la intersección entre Johnny Thunders y Son House, Charlie Pickett prepara rápidamente un vudú con malas vibraciones a base de rock heroinómano y blues de medianoche. Este tipo fue unos de los gigantes no descubiertos de los últimos ochenta. No son palabras de Roky Mountain, sino de Peter Buck (R.E.M.). Él, Buck, produjo a Picket el disco “The Wilderness†(88). Sabe de lo que habla. Te lo cuento: los ingleses tienen el pub rock y los estadounidenses a las bandas de bar. En ambos casos, subgéneros considerados de liga menor. Sin componente arty. Sin embargo, ahí militan orgullosos guerreros que defienden con orgullo el legado de la pureza y la grasa. No es terreno de especuladores. Se mueven en el hábitat natural del directo: la distancia corta. El mismo en que el bluesman Charley Patton –Jimi Hendrix antes de Jimi Hendrix- se ganó su leyenda en los años 20 y 30. Así que fuera prejuicios: a ras de suelo también se piensa. Un ejemplo, la canción “If This Is Love, Can I Get My Money Back?â€. El título lo dice todo. Frase enorme, que sirve para describir, con manotazos de blues-rock amplificado y agridulce, tantas relaciones humanas con pies de barro. El tema es de 1981. Encaja con el Lou Reed de la época, cuando este se agitaba con el asunto de los corazones (en piezas como “The Blue Mask†o “Keep Awayâ€). Acaba de publicarse el recopilatorio “Bar Band Americanus: The Best Of Charlie Pickett And…â€. Que lo sepas. Peter Buck seguro que te lo recomienda.

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“Astral Weeks” (1968), Van Morrison

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“’Astral Weeks’ era como una religión para nosotrosâ€. Lo ha dicho Steve Van Zandt, refiriéndose al peso que tuvo ese disco en los inicios de Bruce Springsteen y la E Street Band. Escuchando canciones del primer álbum del ‘Boss’ (como “Lost In The Floodâ€) o del segundo (como “Kitty’s Backâ€) o del tercero (como “Backstreetsâ€)… ¡y hasta del quinto! (como “Drive All Nightâ€) el asunto es evidente. Lo mismo puede decirse si uno pega la oreja a trabajos de The Rolling Stones de la primera mitad de los 70, caso de “Goats Head Soup†o “It’s Only Rock ‘N Rollâ€. La paradoja: Van Morrison declaró hace un mes que renegaba del rock y se reivindicó como jazzman. Será porque en el campo rockero él solo ve ladrones (“Los copiones roban mis palabras, los copiones roban mis canciones, los copiones roban mi melodíaâ€, escribió en “A Town Called Paradiseâ€, canción suya de 1986) y en el del jazz, a héroes. Olvida que él también robó a los gritones del blues, ley de vida, para llegar a los límites liberadores de su proto-punk (simbolizados en “Gloriaâ€) y que sin Gene Vincent, ese epítome rockero que tanto admira, ni habría moldeado Them –la respuesta de Belfast a los Stones- ni habría sentido dentro la bravura necesaria para parir (¡en solo tres días en el estudio!) este álbum excelso, capaz de abrazar la vida con su fealdad y con su angustia, darle la vuelta a todo eso y transformarlo en una declaración única de belleza y autoconfianza. Morrison lo hizo con instrumentos de folk, voz de soul y músicos de jazz, cuajando uno de los discos más atrevidos del medio ambiente rockero (según Elvis Costello, el que más). Curiosamente, también Bob Dylan y The Beach Boys perpetraron algo parecido con sus obras maestras, “Blonde On Blonde†y “Pet Soundsâ€, respectivamente, registradas ambas, igual que “Astral Weeksâ€, con músicos ajenos al rock.

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“Hungry Bird”, Clem Snide

Clem snide Hungry bird

Clem snide Hungry bird

Con esos aires tan suyos de atractivo profesor chiflado, Eef Barzelay vuelve a poner en circulación a Clem Snide. Ahora te hace pensar en George Clooney haciendo de Harol Lloyd, luego en un Charlie Rivel instalado en Nashville entre la risa y el llanto. Un tipo con personalidad. “Hungry Bird†subraya esa inteligente ambivalencia suya, marca de la casa. Otra sería lo bien que sabe nadar entre el indie rock para la madrugada y el country alternativo con traje pero zapatillas deportivas. El disco presenta una asombrosa tripleta final de canciones (“Bird Of Beesâ€, “Prayâ€, “With All My Heartâ€), que aspiran a entrar en futuras recopilaciones de lo mejor del grupo, si las hubiere, y el conjunto no suena a plato recalentado con prisas, a pesar de que es un proyecto que se quedó a medias en 2006 y que Barzelay no recuperó, para finalizarlo, con una formación renovada, hasta hace unos meses. Y si en directo Eef se mete con descaro tragos de la medicina de The Replacements, en estudio aún apuesta por una manera de hacer las cosas que se asemeja más a Lambchop. Unos Lambchop con el travieso de la clase al volante. El travieso y el irónico, claro, porque las letras que escribe no dejan de lado esa rebaba de burla fina que deja caer cuando nos habla, sobre todo, de fe y amor (¿acaso no son la misma cosa?). Un muy digno retorno al campo de batalla, merecedor de la medalla de bronce en su ya larga trayectoria de dieciocho años (compartiría ese metal con el romántico “Soft Spotâ€, de 2003; el oro sigue siendo para “Your Favorite Musicâ€, de 2000, y la plata para “The Ghost Of Fashionâ€, de 2001).

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