“When Will I Be Loved” (2009), John Fogerty
Escuchar a John Fogerty y Bruce Springsteen cantar juntos, sobre el papel, pinta muy bien. Hay pruebas en el pasado que lo confirman, desde un lejano y esplendoroso “Who’ll Stop The Rain†que se marcaron en 1993 en el Rock And Roll Hall Of Fame (con Robbie Robertson echando chispas con la guitarra solista) hasta los cortes que compartió Fogerty con la E Street Band y su jefe en la gira “Vote For Change†de 2004 –“Fortunate Sonâ€, “Bad Moon Risingâ€, “Proud Maryâ€â€¦-. Ahora vuelven a unirse en el tema que sirve de single del nuevo disco del hombre que comandó Creedence Clearwater Revival. Se titula, el álbum, “The Blue Ridge Rangers Rides Againâ€, y la canción es “When Will I Be Lovedâ€, una composición original de The Everly Brothers. Y es que este disco se basa en las versiones, como ya lo hizo en 1973 “The Blue Ridge Rangersâ€, su debut en solitario, solo que esta vez no toca él todos los instrumentos. El dúo estelar –una idea de la esposa de John- no decepciona para nada. Porque no puede decepcionar comprobar que Fogerty vuelve a estar encendido y conectado, y que a pesar de ese pelazo que sigue gastando (en la lÃnea estética de El Puma) no encaró la grabación de este corte con espÃritu viejuno. Por su parte, qué decir de un Springsteen que sube las armonÃas hasta el ático en los juegos a dos voces y que canta su estrofa como si fuera Merle Haggard bebido y con algún problema que no quiere contar del todo –apunte: esto se grabó en enero en el estudio que Bruce tiene en su casa de Nueva Jersey-. Violines, honky tonk, guitarrazos y dos tipos que se preguntan por qué cada vez que encuentran a la mujer que quieren, esta va y les parte el corazón por la mitad. Siempre. Con tretas y engaños. Siempre.
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Las segundas oportunidades. La resurrección. Si volviera a vivir harÃa esto y no aquello y no eso y lo otro. Steve Earle, que tan al borde del precipicio llegó a estar durante la primera mitad los 90, ha podido gozar de esa opción y lo ha hecho, discográfica y vitalmente, a partir de “Train A Comin’â€, el álbum que le tendió el puente hacia un futuro despejado. Quedaron atrás años de sequÃa creativa –escuchando solo la música de sus camellos, que era el hip hop, empeñando guitarras y conociendo la prisión y fumándose el papel de plata de primera mano- y volvió a germinar. Trece cortes y todos profundos. Temas originales, más o menos recientes –un par, no tanto: “Mercenary Song†data de 1974 y lo escribió cuando trabajaba en una pizzeria; “Tom Ame’s Prayer†es de 1975- y versiones que suenan personales y bordadas, vengan de donde vengan (ya sea “I’m Looking Through You†de The Beatles o “The Rivers Of Babylon†de The Melodians, “jamaican hillbilly†en palabras del propio Earle), dando forma a una unidad acústica de country, folk y bluegrass que él canta con el cerebro en punto muerto y el corazón dándolo todo. A su alrededor, un quién es quién de la música de raÃz estadounidense (Peter Rowan y esas mandolinas; Norman Blake al dobro, la guitarra hawaiana y el violÃn; Roy Huskey al contrabajo). No deben pasarse por alto el par de dúos de Steve con Emmylou Harris –en la citada “The Rivers Of Babylon†y “Nothin’ Without Youâ€-, porque la vocalista se encontraba en estado de gracia –fue la época en que ella grabó su trascendental “Wrecking Ball†(1995)-. En ese sentido, ahà va cómo describe Earle el primer encuentro de ambos en las anotaciones del libreto del álbum. “Ella iba a cantar en el disco de debut de Guy Clark. Me dio la mitad de su hamburguesa y no fui el mismo durante las siguientes semanasâ€. Claro que para anotaciones jugosas, la que acompaña a la letra de “Angel Is The Devilâ€, que define perfectamente el carácter irreductible de este artista de combate: “Una de las únicas cuatro canciones que escribà durante mis vacaciones en el gueto. Ahora yo y John A. Lomax ya tenemos algo en común: ambos hemos robado a Lead Bellyâ€. Se baja el telón con una toma de “Tecumseh Valleyâ€, cuya reverencia es escalofriante –tiene esa quietud que puede aplicarse a tantas interpretaciones de Van Zandt-. Un avance en el tiempo del flamante “Townes†(2009), el disco de versiones de su Ãdolo que Earle presentará en septiembre en España (dÃa 17 en Bilbao, 18 en Madrid y 19 en Barcelona). Volviendo al principio: el disco de su resurrección.
CorrÃa 2004 y ahà estaban ellos, de Detroit y no demasiado conocidos, a pesar de que Ryan Adams, que entonces aún pintaba algo, decÃa que eran su banda favorita y daba la sensación de que el conjunto podÃa ir a más. De hecho, Adams llegó a poner los hechos donde sus palabras y en “Like Her†(2005), el último disco de Volebeats hasta la fecha, compartió la autorÃa de un tema con dos miembros del grupo. Corre 2009 y poco se sabe de ellos. Bueno, mañana viernes tocan gratis en Farmington (Michigan), en un parque al aire libre. Poca cosa. Diluidos en el recuerdo quedaron sus álbumes. El penúltimo, “Country Favoritesâ€, de versiones y rarezas, data de hace cinco años y ahà se remangaron para meterse dentro de la camisa de Abba. Lo hicieron llevándose “Knowing Me, Knowing You†a ese terreno tan country de la lágrima en la cerveza. A priori lo tenÃan fácil, porque fue una las primeras composiciones en la discografÃa de los suecos que hablaba de las rupturas amorosas, que es algo que se presta mucho al lloriqueo sobre los vasos. Desbrozando la trepidante música original y colocando su melodÃa sobre una bandeja de guitarras secas y tristes, que parecen sacadas de una vieja balada camionera, Volebeats logran que veas como él coge la maleta y mira hacia atrás, antes de cerrar la puerta, para despedirse de la habitación de los crÃos. Muchos de los sonidos del divorcio salen de momentos silenciosos. Gran versión. Y gran canción de Abba.
Llegados a este punto, tanto compararlo con Neil Young cuando el canadiense se junta con Crazy Horse –que no es un brindis al sol, porque similitudes haylas- ya no se sabe si le hace bien o no a Jason Molina. Porque él tiene discos y directos para parar ese carro. “Josephine†corrobora, por si hacÃa falta, que de hecho no la hacÃa, eso y más. Confirma que grabar en el estudio de Steve Albini y con la banda tocando en directo le ha sentado muy bien a la apuesta que Jason aquà hace por su lado más minimalista. Más seco. Que también le ha aprovechado dejar de lado las guitarras eléctricas que cabalgaban a toque de pito en “Fading Trails†(2006) y meterse en terrenos más sutiles a la hora de los arreglos, porque eso, que en manos de otro podrÃa haber sonado algo tiquismiquis, en las suyas, con ese tacto áspero que tienen, es imposible que caiga en la afectación. El sonido es ralo, el aire separa unas cosas de las otras y por ahà en medio va entrando la voz de Molina, que se mete en harina de soul (excelente el primer corte, “O! Graceâ€) y de country tradicional (en el sentido del lamento solitario del pecador frente al cielo: magnÃfica “Whip-Poor-Willâ€) y mezcla una cosa con la otra. Se nota el dolor porque la muerte Evan Farrell, su bajista de carretera, ocurrida en diciembre de 2007, es el leitmotiv del álbum si hubiera que elegir solo uno. Pero también se nota esa constante en su obra, la del exilio y la extirpación, la de esa carretera de Jack Kerouac y otros mitos del asfalto como modus vivendi. Será porque Molina ha hecho de Londres su domicilio (hasta nueva orden), mientras que su banda se mantiene en Indiana, y esta vez la distancia real más la mental de alguien tan obsesionado con el movimiento doblan el efecto. Uno de sus mejores trabajos, y él, tipo consistente, tiene unos cuantos para quitarse el sombrero –con “Didn’t It Rain†(2002), de cuando era Songs: Ohia, al frente-.
La vuelta al cole, en agosto. Asà son las cosas en Roky Mountains y asà se las contamos. Con la primera gira de nuestro proyecto a la vuelta de la esquina (bueno, octubre está a la vuelta de la segunda esquina) y los calores aún aquÃ, pero la paga doble estival –para quien la tenga, que cada vez son menos- ya lejos, muy lejos. Ah, y los números rojos de la tarjeta de crédito más cerca y más grandes. Asà son las cosas, también, en los veraneos. Pero pasa que a veces no todo es como parece. No podemos juzgar al libro solo por su cubierta, como nos cantaba Bo Diddley. Por eso hoy queremos reiniciar la marcha poniendo el acento en una recopilación de blues que acabar de sacar el sello de Starbucks. SÃ, esos compradores de locales y esquinas, la que está a la vuelta, la de más allá y la otra. De acuerdo, lo que McDonald’s es a la hamburguesa ellos lo son al café. Pero las selecciones musicales que ponen en circulación tienen un aura de reverencia y respeto, como si se intuyera el toque de un experto ahà detrás. Ya lo quisiéramos encontrar ni que fuera en la mitad de las recopilaciones que aparecen cada semana. “Town And Country Blues†no es una excepción. El experto, en este caso, es Sam Charters. Músico, poeta, productor e historiador, es sobre todo conocido por haber escrito en 1959 el libro “The Country Bluesâ€, un clásico de la literatura sobre el blues. Bien, pues Charters ha sido el encargado de escoger las quince canciones de esta compilación. Y se nota que sabe, y mucho, lo que escoge. Hasta el punto de que mete una versión de “Nobody Knows You When You’re Down And Out†de Danny Kalb, que fue grabada en 1964 para el disco “The Folk Stringers- y va este y declara que “se trata de una de mis mejores piezas, una maravilla. Nunca creà que volviera a ser reeditada. Probablemente, hasta el dÃa de hoy la habrán escuchado no más de cincuenta personasâ€. Te dejamos a continuación con el repertorio del álbum, porque merece la pena y porque sÃ.
Somos blog de costumbres. Asà que nos vamos de descanso estival. En un par de semanas, como mucho, ya estamos de regreso. Con nueva canción (caerá una de Volebeats), con nuevo disco (el flamante, y espléndido, álbum de Magnolia Electric Co.)… Disfrutad del calor, ya sea remando a favor o en contra del termómetro.

