¿Quién dices que es ese que canta con Kris Kristofferson en “Closer To The Bone”? ¿En serio? ¡No me jodas!
Hablábamos el otro dÃa (el 13 de septiembre, para más datos) de la versión que John Doe y The Sadies han hecho en su flamante “Country Club†de uno de los grandes clásicos de Kris Kristofferson, “Help Me Make It Through The Nightâ€. Bien, pues hoy toca hablar de nuevo de Kris, y de nuevo por la vÃa indirecta. Porque resulta que tiene nuevo disco en la calle, que se titula “Closer To The Bone†y sigue la misma senda que su brillante predecesor, “This Old Road†(2006). Simplicidad terrenal, el mismo equipo de músicos –incluido el guitarrista Stephen Bruton, que falleció poco después de la grabación: a él está dedicado el álbum- y una temática: quiere dejar cerrado el balance vital antes de que, de repente, se encuentre en la última página de su libro (como quien no quiere la cosa, Kristofferson tiene ya 73 años). Pero decÃamos que hablarÃamos de él por la vÃa indirecta. Efectivamente, porque cuando escuchas en el tema que da tÃtulo al disco que se canta “coming from the heartbeat, nothing but the truth now, everything is sweeter, closer to the bone..†te preguntas qué voz es esa otra. SÃ, la que suena junto a la de Kris. Te es familiar. Miras los créditos del álbum y no pone nada. Pero la conoces. ¡Claro que la conoces! Es Bob Dylan.
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Mudhoney. El grunge. Seattle. Todo aquello. Fueron la otra cara de Roy Acuff y sus treinta millones de discos vendidos. De esos Estados Unidos de la camisa por dentro del pantalón. Acuff: una leyenda del country y un hombre obsesionado con el yoyó. Nacidos en los 80 de Ronald Reagan, decenas de Kurt Cobains no sabÃan qué hacer: o recuperar valores musicales -¡la intensidad!- o mutarlos. Para empezar, se pusieron la camisa por fuera del pantalón. Steve Turner, que militó en Mudhoney y rozó su carrera con la de componentes de Pearl Jam, también lleva a un Roy Acuff dentro. Pero no comulga, como aquel, ni con los republicanos ni con, que sepamos, la fiebre por el yoyó. Con lo que sà está de acuerdo es con el disfrute de la raÃz musical que, partiendo de mitos como el viejo Roy, nos conduce al porche y una tarde solitaria de febrero. De manera que con nada que envidiar a Richard Buckner se marcó en 2005 un notable EP de nueve cortes que se titula como la canción que ha dado pie a estas lÃneas. Folk y country, ergo tradición, pero con las camisas por fuera. El toque alternativo, ya sabes. En “Beautiful Winter†no solo te seduce la música, tan convincente y al mismo tiempo tan flemática, con esos riffs de guitarra y esa baterÃa andando sobre el ritmo como si no tuviera prisa por llegar a ningún sitio. Está la historia, ese diálogo entre Turner y la británica Holly Golightly en el que ambos juegan al gato y al ratón alrededor de la margarita del humor. Luché contra la botella, pero tuve que hacerlo borracho. Lo escribió Leonard Cohen y algo parecido le ocurre al personaje que interpreta Steve, que busca una redención sentimental en esa chica apoyada en la pared del bar. Pero ella lo tiene claro: ¿qué significa que haya tantas ex novias tuyas por el mundo? Yo no quiero ser la siguiente. Y lo va poniendo en su sitio, mientras él le insiste con las estrellas y el infinito. En fin, no tenÃa que haber durado para siempre, concluye, pero podrÃa haber sido un bonito invierno.
Liberado momentáneamente –se ha pedido una excedencia- de The Felice Brothers –donde cantaba, tocaba la baterÃa y, ocasionalmente, la guitarra-, Simone Felice ha puesto en marcha este proyecto en el que deja de lado el marcado factor rural de la banda familiar y se dedica a hacer canciones para los estantes del pop de orfebrerÃa. Ãntimas, ‘vintage’ por un lado y agarradas a los tiempos que corren por otro, de letras confesionales pero no literales, de frases literarias y dolidas. La perdida de una hija antes de llegar al parto le hizo reflexionar. Mucho. Sobre la inocencia perdida. Sobre la adolescencia y los sueños que desde ahà se persiguen, hasta que al perderlos perdemos, sÃ, claro, la inocencia. ¿Y se puede entonces volver a empezar? Debe poderse. Es lo que persigue con The Duke & The King: abrir otra puerta que le muestre otro paisaje. Nuevo y viejo, virgen y ya vivido. Escuchadas sus diez canciones una y dos y decenas de veces, solo queda rendirse a la evidencia: este “Nothing Gold Can Stay†es uno de los mejores álbumes aparecidos este año. Tiene diálogo interior y anzuelos de complicidad, estribillos de flechazo instantáneo y rincones donde la belleza se esconde tras velos. Cada arreglo está en el sitio que le corresponde, cada palabra que se pronuncia tiene un sentido y es sentida por quien la pronuncia. El álbum fue parido en un estudio-caravana, al estilo del debut con que Bon Iver deslumbró en 2008. Las comparaciones que le caigan con ese “For Emma, Forever Ago†no van desencaminadas. Como no lo irÃa una que dijese que el tema “Summer Morning Rain†suena como un clásico perdido de Cat Stevens que ahora emergiera a al superficie. De hecho, todo el disco podrÃa ser un clásico perdido de hace cuatro décadas, si no fuera porque el tratamiento del ritmo, a cargo de Robert “Chicken†Burke (ex colaborador de George Clinton), y de las mezclas, obra de “Bassy†Bob Brockmann (especialista en hip hop), lo hacen deslizarse como no se hacÃa en los años 70, adentrándolo, con un paso hacia atrás y dos adelante, por terrenos onÃricos a la manera de Vic Chesnutt (“Lose My Selfâ€) o por otros de folk de tabaco de liar y chicas de California a la de Crosby, Stills & Nash (“Suzanneâ€). Más que una muy grata sorpresa. Tu refugio country-soul para los dÃas duros.
¿Quieres “white trashâ€? ¡Toma “white trashâ€! Todo en Calvin Russell recuerda a los blancos más puteados de Estados Unidos. Empezando por él mismo, cuya biografÃa no se la salta ni Mike Powell. Texano, llegó al mundo en 1948, sexto de nueve hermanos. Cuando entró en la adolescencia ya dormÃa en reformatorios, después se fue vagabundear por su paÃs (si podÃa, encima de una Harley Davidson), ejerció de buscavidas y después de presidiario, obviamente contra su voluntad, y regresó a su Austin natal… para dormir en las calles. En vista del panorama, en los 90 saltó a Europa y su pinta de hombre genuino del sur estadounidense, como salido de una pelÃcula de Sam Peckinpah que este se olvidó de filmar, le fue llenando el bolsillo, a golpe de voz y guitarra. Y a golpe de riñones (un ejemplo: en 1993, 173 conciertos por el Viejo Continente). Su nombre empezó a ganar resonancia en el circuito ‘roots’ y en 2002 le llegó lo que podrÃamos llamar “el éxitoâ€: ese año publicó “Rebel Radioâ€, el primer disco suyo que se distribuyó por las tierras del TÃo Sam. En él recopila todas las muescas que le habÃan llevado, desde “Soldier†(1992) hasta “Sam†(1999), a salir de la cloaca y a controlar al demonio que lleva dentro. Musicalmente, se mueve entre dos polos: un blues-rock que se parece mucho al que dispara Alvin Youngblood Hart y que puede arder lento o galopar a lo ZZ Top, pero siempre como recién salido de un campamento indio, diciéndote que no va a dejar que lo encierres en la reserva; y un country de tipo que cabalga solo y asà ya le está bien y que te hace pensar en cómo sonarÃa Kris Kristofferson si aplicara a su sonido y su entorno el toque Keith Richards. SÃ, asà de sugerente es lo que hay aquà dentro. También encontrarás una versión del stoniano “No Expectations†llevada al terreno del Johnny Cash de finales de los 60, una de las mejores canciones escritas este siglo sobre la aniquilación de la vida rural –“Country Boyâ€- y, en esa lÃnea de excelencia, otra versión, esta del tema de Townes Van Zandt “Still Lookin’ For Youâ€, que parece sacada del “Spirit†de Willie Nelson -¡ese punteo de guitarra seguido de ese violÃn!- y que, tal vez, si la ha escuchado, haya hecho llorar a Steve Earle. Un último dato. El prestigioso productor Jim Dickinson dijo en la revista gala “Les Inrokuptibles†lo siguiente: “Hay tardes en que la elección es bien sencilla si quieres seducir a tu novia: o escuchas “Blonde On Blonde†otra vez o le pones “Soldierâ€. Tenedlo en cuentaâ€. De Soldier hablaremos otro dÃa. Pero “Rebel Radio†está a su altura.
Ese gran hijo de puta que fue el senador Joseph McCarthy lo habrÃa pasado muy mal viendo al comunista Pete Seeger, ese emblema del folk por y para los parias, cantar en la ceremonia inaugural del mandato de Barack Obama. Que se joda McCarthy: Seeger, a sus 90 años, sigue vivo y coleando. Y harto de recibir premios y homenajes. Estos últimos meses no paran de caerle encima (el Kennedy Award, el Gish Award, el documental “The Power Of A Songâ€â€¦). A eso hay que sumarle que ha estado en la parte alta de los carteles del New Orleans Jazz And Heritage Festival, del cincuenta aniversario del Newport Folk Festival, que este sábado hará lo propio en el Monterey Festival… Seeger está ¿contento? Pues más bien, no. Está hasta los cojones. “Mi esposa y yo estamos pasando el momento más complicado que hemos tenido nunca. Me llegan montañas de correo, el teléfono suena cada cinco minutos… SabÃa que todo esto serÃa un problema, pero no uno tan grande. ¡No tenemos tiempo libre!â€. Has de entenderlo, Pete: solo lo hacen para agradecerte tantos servicios prestados. Porque el viejo Seeger ha prestado unos cuantos. E incluso ahora, cuando su cerebro, que ya le empieza a fallar con la cuestión de la memoria, podrÃa poner el piloto automático, sigue esforzándose en guiar al desconcertado, si este abre las orejas y lo escucho. Ahà va un buen consejo que ha soltado en una reciente entrevista concedida al “San Francisco Chronicleâ€: “Siempre he intentando estar bien de salud. Aprendà un proverbio árabe una vez que estuve en el LÃbano. Los árabes están muy orgullosos de que todo el mundo utilice su sistema numérico. No usamos los números romanos ni los chinos, usamos los árabes. Bien, pues dice el proverbio que si tienes buena salud, escribas el número uno. Si tienes familia, a continuación escribe un cero. Qué afortunado eres. Si tienes tierras, escribe otro cero. Familia, tierras, ¿qué más puedes pedir? Bueno, si también tienes buena reputación, escribe otro cero más. Lo posees todo. Pero, si quitas el uno, ¿qué tienes? Tres ceros. Es una buena historia y la gente debe conocerla. La explico en todos sitiosâ€. Tomamos nota. No debÃa conocerla McCarthy, tan dado a la bebida él, quien murió de cirrosis y hepatitis a los 48 años, en 1957.
Aunque la grabaron Elvis Presley y Engelbert Humperdinck en 1971, la versión que se hizo más famosa y comercialmente más arrasó fue la de la cantante country Sammi Smith, también de aquel año. Incluso por encima de la original, que firmó Kris Kristofferson en 1970 en su gran y homónimo disco de debut. Tremendo escucharla, cantada por su autor, en la banda sonora de la pelÃcula “Fat Cityâ€, una de las cumbres cinematográficas no solo de su director, John Huston, sino de todo lo que se ha rodado alrededor del boxeo y los fracasados. Volviendo a Sammi Smith, tiene gracia lo suyo con este tema, porque como la letra va de la intimidad sexual –en resumen serÃa algo asà como “dejemos para mañana que me echen encima al demonio, esta noche necesito un amigo para eso que tú ya sabesâ€-, levantó cierta polémica que eso lo cantara una mujer de, entonces, solo 28 años. Si algunos de esos personajes hubieran sabido qué les esperaba años más tarde con Monica Lewinsky se habrÃan mordido la lengua. El caso es que la nómina de versiones de “Help Me Make It Through The Night†ha vuelto a crecer con la que John Doe And The Sadies han incluido en “Country Clubâ€. Uno de los ‘highlights’ de este muy sólido álbum de ‘covers’. Tremendo baladón el que se marca el que fuera lÃder de X, al llevarse la canción a un terreno de perdedor con causa y sin aspavientos. Alejado de las poses de un Casanova maduro y en las antÃpodas del rol calenturiento, Doe se ofrece como amante sincero y discreto que acolcha y se deja acolchar, de los que en la primera noche no te hará preguntas, porque él solo hablará con hechos, pero sà te va a preparar el café de la mañana siguiente. Detrás de su voz de dolor asumido, los canadienses The Sadies dejan caer arreglos esponjosos, con todas las cuerdas asociadas al country goteando en plan reloj de arena. Cuánta clase.

