“Post To Wire” (2004), Richmond Fontaine

richmond-okGirando con John Doe & The Sadies en la furgoneta, viajando de Zaragoza a Barcelona un 25 de octubre. En el aire, la selección que John ha previsto. Un hombre en la etapa tranquila que se toma su hilo musical de carretera como se deben tomar las curvas y las rectas: sin el giro imprevisto ni el acelerón de sopetón. Y en esas que suenan Richmond Fontaine y su canción “Post To Wireâ€. Estaba en su quinto álbum, del mismo título y publicado en 2004. Pocos discos hubo aquel año en las cubetas de lo que llamamos americana que tuvieran tanto encanto. Con las letras de su alma máter Willy Vlautin –serio aspirante a mejor escritor de ese cosmos; además de que canta parecido al Jeff Tweedy de los medios tiempos- metiendo compasivamente el dedo en la llaga de los perdedores y los dejados de la mano de Dios. Rodeados de prohombres del negocio –el ingeniero Larry Crane y sus estudios Jackpot! (Sleater-Kinney, Elliott Smith) y el productor JD Foster (Richard Buckner, Dwight Yoakam, Marc Ribot)- los de Portland (Oregon) destilan su sonido como nunca antes habían hecho, haciéndolo menos pedestre, más llevadero y aromático (tremenda la constante presencia de la guitarra pedal steel de Paul Brainard, un antídoto contra la ley de la gravedad que hace levitar las canciones sobre tu imaginario del desierto de Nevada). Total, que en ese decorado aparece “Post To Wireâ€, la canción. Se trata del primer dúo publicado por el grupo, con Vlautin compartiendo micrófono con Deborah Kelly, de The Damnations. Es una de esas confesiones con dos cojones, de pareja que no funciona y se lo echan en la cara con más cariño que otras cuando se dicen (mintiendo, claro) que se aman con locura. ‘Americana meets Motown’, en un delicioso visto y no visto de dos minutos y trece segundos. “Si todo el mundo es capaz de joderla y yo sé que tú y yo lo hacemos, ¿no tiene sentido que sigamos haciéndolo juntos?â€. Andan de gira por España estos días, presentando su reciente”We Used To Think The Freeway Sounded Like A River”, del 27 al 31 de este mes (Madrid, Valencia, Bilbao y Barcelona). No sabemos qué música sonará en su furgoneta. Pero sí que sus directos epatan.

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Pulgares arriba para la primera gira de ‘Roky Mountains’(y ya andamos preparando la segunda)

roky-pal-rokyPasó la primera edición de ‘Roky Mountains’. Pulgares hacia arriba. Un triple cartel en tiempos de crisis, para decir hola aquí estamos y queremos seguir estando. Cada noche de las seis que ha durado esta gira The Handsome Family rompieron el hielo. Lo hicieron con la normalidad que caracteriza a su rareza. El matrimonio formado por Brett y Rennie Sparks parece salido de otra dimensión, de algún libro visionario que Flannery O’Connor hubiese dejado escrito sobre una pareja que, entre el sarcasmo y el trascendentalismo, se dedicara en el siglo XXI a darle al country un barniz de lied gótico sureño. Guardaron para el final de sus pases su cara más eléctrica, demostrando a quien aún no lo supiera que también rockean y se retuercen a base de bien (sobre todo Brett) sobre su instrumentación casi minimalista. Tras ellos, Magnolia Electric Co. (salvo el sábado 24 en Zaragoza; ese día ellos tocaron en Lleida) se encargaban de llevar las cosas a un plano menos rural. Las asfaltaban. Pasábamos de estar con los Sparks en las páginas de “La República Invisible†de Greil Marcus a, de la mano de la formación liderada por Jason Molina, sumergirnos dentro de “En la carretera†de Jack Kerouac, solo que viajando por ahí con una mentalidad de proletario del escenario, con la camisa arremangada y por fuera del pantalón, menos iluminados que los protagonistas de ese libro y más conscientes del peso de los zapatos y las deudas. Con Magnolia todo suena muy al Medio Oeste de Estados Unidos. Muy surgido de la lucha contra el aislamiento y el vacío de los kilómetros a la redonda. Ohio siempre se aparece en el retrovisor de Jason. Y él huye de ahí llenando el depósito con rock neoclásico y transformándose en el-blanco-que-esta-noche-os-cantará-soul. Así va inflamando su hoguera. Cada actuación la sostuvo sobre un hilo de improvisación y la enganchó a una velocidad de crucero en crescendo. El colofón llegaba con John Doe & The Sadies (ver foto de su actuación en Barcelona). Como se dice de las parejas bien avenidas, se han encontrado. Parecen tal para cual. A quien fue pionero del punk californiano, transformado ahora en un ‘crooner’ maduro del country con más clase, los canadienses le empujan a galopar. Y ellos con él y él a ellos. Retroalimentación por un tubo y un repertorio que, tal y como dijo Brett Sparks cuando vio a Doe rellenar el formulario de la SGAE del concierto de Barcelona, parece la historia del country. El reciente disco “Country Club†fue su principal proveedor de temas, pero también sacaron a pasear piezas de la carrera de John en solitario y de X, la banda punk que este abandera desde 1977 con la que fue su esposa, Exene Cervenka. Por cierto, y hablando de Cervenka, estuvo en los conciertos de Madrid y Barcelona el actor Viggo Mortensen, que también anduvo casado con Exene y es un gran amigo y fan de Doe. Aplaudió a rabiar. Otro dato para la prensa amarilla: The Sadies nos confirmaron que han grabado con Neil Young un tema para un disco de tributo a The Band. La canción: “This Wheel’s On Fireâ€. Nivel, mucho nivel, en esta gira. Próximamente, la segunda edición. Os mantendremos informados.

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Empieza nuestra primera gira: desde hoy y hasta el domingo, ‘Roky Mountains’ se tira a la carretera

johndoe-roky-okPor fin llegó la cosecha, que decía la canción. Porque por fin está aquí, tirándose a la carretera, la primera gira ‘Roky Mountains’. Con John Doe & The Sadies, Magnolia Electric Co. y The Handsome Family. Un cartel triple de impacto, en el que se dan cita un nombre legendario, clásicos contemporáneos y precios más que asequibles. El nombre legendario es John Doe (ver foto), pionero del punk estadounidense en los 70 y gendarme del ‘roots’ rock de autor –junto a torres tan altas como Dave Alvin y Alejandro Escovedo- en los 90. Más de 30 años publicando discos. Y los clásicos son Magnolia Electric Co., con el incombustible Jason Molina al frente, y The Handsome Family, la más asombrosa anomalía que ha dado el country alternativo, por la vía, en su caso, del trascendentalismo estadounidense. A ver qué ‘freak’ se atreve a toserles, porque su rareza va más allá de las imposturas de otros y es tan intransferible como irse de fiesta con la familia Addams. Música de primera para que cuentes a tus nietos que tú estuviste allí. Hoy en Cádiz (Aulario La Bomba), mañana miércoles en Madrid (Sala Heineken), el jueves en Alicante (Mint Club), el viernes en Barcelona (Apolo), el sábado en Zaragoza (La Casa del Loco) y el domingo en la mallorquina Lloseta (Teatre Lloseta). Con el país en la mochila.

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“A Simple Aspiration” (2007), The Sadies

thesadies-okEl colmo del comodín: que de uno, que sirve para todo, alguien, como consecuencia de lo primero, pueda pensar que no sirve para nada. The Sadies: la banda comodín por excelencia. ¿Para qué sirven? Pues, sinceramente, sirven para casi todo. Y por eso lo mismo respaldan a ese anciano cantante de rhythm’n’blues que le canta a la lascivia como si fuera Ruth Brown con el rabo inquieto y la barra libre (Andre Williams) que se ponen tras el capo del country insurgente que llegó del Reino Unido para reinar en el Chicago de Bloodshot Records (Jon Langford). O le dan un excelso empujón instrumental a la cantante ‘roots†más alabada tras Lucinda Williams, ergo Neko Case. A estos canadienses en cuestión, The Sadies, se les ha colgado el estigma de banda de country, de bluegrass o de folk cósmico. Y nada de eso, de esa ruralidad, es mentira. Pero dan más de sí. Dan para lo que quieras. En el último disco que han firmado con su nombre, “New Season†(2007), tocan varios palos y no flojean en ninguno. Pero, más allá de su querencia por lo campestre, hay vida urbana en su música. “A Simple Aspirationâ€, el noveno corte de ese álbum, es una prueba irrefutable: podría pasar, tranquilamente, por un clásico del sonido Paisley Underground, ese rock de Los Angeles inspirado por el “peace & love†de los 60 y que utilizó la sombra de The Byrds como un antídoto contra el hardcore. Un estilo que, entre otros, tiene como representantes punteros a The Dream Syndicate. Así que ya que citamos a este estupendo grupo, “A Simple Aspiration†podría pasar, desde luego, por una de las mejores canciones del disco que en 1988 facturaron Steve Wynn y compañía, “Ghost Storiesâ€. Letras en plan viaje místico, unas voces trascendentales, el eco alucinógeno de la psicodelia brumosa de “Eight Miles Highâ€â€¦ Ese es el hecho diferencial de estos canadienses: que pueden venir a España esta semana acompañando a John Doe (que, no lo olvidemos: he was a punk-rocker!) para presentar un disco de clásicos del country –ya sabes, ¡‘Roky Mountains’ está de gira!-, pero por debajo de su sonido se van a mover muchos hilos de la música norteamericana, muchas décadas, mucho saber qué se pisa y por qué se pisa. Con The Sadies has de escuchar siempre más allá de las evidencias. “A Simple Aspiration” es un buen ejemplo.

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“Honey Moon”, The Handsome Family

handsome-okEl trascendentalismo estadounidense tiene en The Handsome Family a sus más firmes representantes de los últimos años. Hablamos en términos musicales, claro. De esa comunidad de fantasmas que pasa de “Anthology Of American Folk Music†(1952) de Harry Smith a “The Basement Tapes†(1975) de Bob Dylan y The Band y de ahí a “No Depression†(1990) de Uncle Tupelo. Hablamos de un territorio medio mítico, casi surrealista, de topografías imaginarias, de los poemas de Emily Dickinson y las baladas de Johnny Cash. El matrimonio formado por Brett y Rennie Sparks lleva caminando por ese sendero desde 1995 militando en ese club. Dándole la razón a uno de sus mayores fans, el crítico Greil Marcus, autor del muy interesante libro “La república invisibleâ€, y a sus teorías sobre “la otra Américaâ€, que ponen el énfasis en lo extrasensorial y lo intangible. Un terreno que la pareja que nos ocupa se ha trabajado a conciencia, infiltrándose en el inconsciente puritano de sus compatriotas a base de historias morbosas y mucho sarcasmo. Tirando del humor negro. Sus letras (las escribe ella) son poco convencionales: si alguien tiene que escuchar voces de ángeles dentro de las patatas, las escucha. Su música (la compone él) coge al country y le da brochazos de gravedad y vals casero, entre lo atemporal y el guiño travieso al presente (se aceptan ‘laptops’), Una fórmula que en su último disco, el noveno –que nos vienen a presentar oficialmente en la gira ‘Roky Mountains’ de la próxima semana- ha variado. El motivo: lo publican para celebrar que llevan veinte años casados, así que se adaptan a las circunstancias y desaparecen de sus relatos los suicidios y los asesinatos. Dejan de lado la ironía y apuestan por la celebración, aunque a su manera: les escuchamos cantar que el amor es como una mosca zumbando al sol. También la música es más ecléctica de lo habitual, como si de la misma manera que, se supone, han repasado los diferentes estados por los que habrá pasado su relación a la hora de componer estas letras, en plan álbum de fotos, también hubieran parado atención a los distintos acentos sonoros que han pronunciado en sus tres lustros de carrera. Todo, claro, bien pasado por su túrmix. Por eso el soul con somníferos de “My Friend†convive con el pop sintético de “Love Is Like†como si tal cosa. Son unos clásicos contemporáneos, y por mucha humildad que le echen hay que decírselo en la cara.

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Daniel Higgs, ancestral y con toda la barba: el folk astrofísico del miedo a la muerte

danielhiggs-okDaniel Higgs. Como una aparición del pasado inquietando al presente. Un hombre superando al personaje en que pudieras convertirlo. Barcelona, 8 de octubre, bar Heliogàbal, en directo. Canciones de ecos ancestrales interpretadas como se hacía mucho antes de que Woody Guthrie viniera al mundo. Como las que Harry Smith ansiaba descubrir. Folk salido del esperma de la Tierra y revoloteando alrededor del respeto reverencial al Dios flagelador y a los secretos de la vida. El partido del siglo lo jugaron esa noche el miedo a la muerte y las ganas de vivir: que es como decir el gran combate de la música popular en los tiempos previos a la gasolina. Daniel Higgs –por cierto, también cantante del casi extinguido grupo de post-hardcore Lungfish- saluda al personal con la Biblia en su solapa y los tatuajes correctos en su piel: los enigmáticos. No lo distinguirías de un ‘homeless’ que llevase las canciones a cuestas, de uno que cantase lo de este mundo ya no es su hogar, como hicieron The Carter Family hace tantas décadas y después Tom Waits, apropiándose de las palabras y el concepto en la canción final de “Mule Variations†(1999), “Come Up To The Houseâ€. Daniel Higgs, decíamos, el 8 de octubre. Ofreció una actuación enigmática. Con el banjo y el tatarabuelo del acordeón dando soporte a su voz de pastor que le habla a las nubes. Con su trance de frases rematadas con la última sílaba curvándose hacia dentro. Con el sudor animal arrebatándole su gorro de invierno en una cálida noche de otoño y mostrando su vejez prematura. El estadounidense y su música, a la par, dos jubilados precoces. Composiciones que ya nacen con barba poblada y décadas a sus espaldas, venidas hasta 2009 desde aquel mundo de migraciones transoceánicas en busca de las tierras prometidas, huyendo de las cosechas malditas y de los problemas con la ley que tenían forma de horca. Si saber latín y griego te enseña a dominar mejor muchas de las lenguas que te rodean, rozarte con el folk de Higgins y su conexión con la alquimia del cuerpo y con la paciencia estoica, con la escatología iluminada y con Pitágoras, te hará dominar mejor cualquier impulso futuro de la música que vendrá. Por duro que te parezca estar hora y media ante un hombre astrofísico que haría buenas migas con el abuelo de Heidi y cualquier expresidiario arrepentido retratado por Flannery O’Connor. Como bien escribió Greil Marcus en su libro “La república invisibleâ€, ese magnífico ensayo sobre el mundo musical –y social- que había detrás y precedía al disco “The Basement Tapes†(1975) que firmaron Bob Dylan y The Band, “el peligro más grande reside en infravalorar lo extraño de estas culturas. Porque hace falta un esfuerzo constante de la imaginación para darse cuenta de la soledad de sus vidas, de la ausencia de música enlatada, de la escasez de músicos profesionales, del asidero que suponía la tradiciónâ€.

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