“American Standard”, Dayna Kurtz
Con su nuevo disco, “American Standard”, Dayna Kurtz se ha embarcado en una cruzada: la de ponerse más ‘roots’, más rockabilly, más sureña, que nunca. La de dejar de lado, o al menos colocar más lejos de su epicentro, a la canción de entreguerras y los sabores judeo-europeos de su repertorio, para meterse en la piel de Sun Records y reverenciar a Sonny Burgess y coetáneos. Antes, lo ‘vintage’ no lo llevaba tan tatuado y jugaba a la canción de autor contemporánea con factor histórico más o menos puntual. Pero ahora, no sabemos si momentáneamente o con una intención más perdurable, ha decidido convertir esa tonalidad sepia en su santo y seña. De esta guisa se ha presentado estos días en su gira española (por Arrasate, Barcelona, Madrid y Murcia). Lo ha hecho –en tres de las cuatro fechas- acompañada por Blue Mountain como banda de apoyo: cuarteto originario de Oxford (Mississippi) y ya veterano del country alternativo, buenos maestros a la hora de escarbar en el ‘heartland’ estadounidense –disco recomendado: “Homegrown” (1998)-. Ellos y ella hacen más que buenas migas. Roky Mountains lo comprobó en el concierto que ofrecieron en Barcelona este martes, 6 de octubre. Por momentos, la música flotaba como lo hizo cuando Joe Henry embrujó la misma sala, Apolo, en su ensoñador concierto del 18 de febrero de 2008. Fluía a dos palmos del suelo. Palabras mayores. Mientras eso pasaba, el tampón con la denominación de origen ‘Dayna Kurtz Product’ se hacía con las riendas de la nostalgia y convertía la cuestión temporal en un mero trámite. Sonaba “Election Day”, con el ritmo de la jungla de Bo Diddley, y no sabías si podía haber sido escrita ayer y el rock’n’roll es lo más ‘trendy’ o es que tú estabas en los 50. Todo era circular y teoría de la reencarnación. La fotografía era sepia, insistimos, pero lo sepia no era sinónimo de anteayer. Era el color de hoy. Curioso. O no, porque lo que pasaba tenía fácil explicación: Dayna te conmueve, haga lo que haga. Con banda o cuando salió armada solo con la guitarra acústica. Cantando a capela o pulsando las seis cuerdas eléctricas como si quisiera opositar para entrar en The Replacements. Confesando el dolor porque su amante se ha ido con otra con la misma delicadeza hiriente que cuando grita, en plan vaca en el matadero, y parece que se va fundir el amplificador. Si Jon Spencer grabase con ella la próxima entrega de Heavy Trash podría salir de ahí algo muy grande. Si algún programador con posibles y un par de grandes pelotas la pusiera donde le corresponde, igual también cambiaba su suerte. Ya sabéis a que nos referimos: ella tiene lo que hay que tener –talento y carpe diem a raudales- para impactar en festivales de jazz de altos vuelos con ‘crooners” sosainas y “de temporá” en la cima del cartel, o en festivales indies que entregan a grupos menores escenarios mayores. Pero no es el caso, de momento, aquí y ahora: pasan los años y ella continúa en los confines del circuito de pequeños aforos (Apolo admite 1.200 entradas vendidas: los asistentes, invitados incluidos, rondaríamos, siendo optimistas, el diez por ciento de esa cifra). Pasan los años y sus canciones deberían emocionar a más gente. No es de recibo que “Love Gets In The Way” –la versión que ofreció con Blue Mountain, impresionante-, una de las mejores ‘torch songs’ de los últimos ¿20, 30 años?, siga siendo pasto de cuatro gatos.
Tags: Bo Diddley, Love Gets In The Way, Sonny Burgess






Hola, gran disco. En nuestra web hablamos sobre él:
http://lumpen00.blogspot.com/2009/10/american-standard-dayna-kurtz-2009.html
Hola, Lumpen. Queda constancia, pues, de tu link sobre el último disco de Dayna Kurtz, para quien guste de él. Un saludo.