“The Mountain” (1998), Steve Earle

Un encuentro con Bill Monroe fue la clave. El pionero del bluegrass estaba frente a él y ¿qué canciones suyas, de Steve, estarÃan frente a alguien dentro de unas cuantas décadas, de la misma manera que las que Bill habÃa escrito hacÃa lustros y más lustros seguÃan nutriéndole a él, al autor de “Copperhead Roadâ€? Asà que Earle contactó con la, posiblemente, mejor formación de bluegrass del momento, Del McCoury Band, y grabó un disco de género con la intención de que le sobreviviera. Superó el reto, como ha hecho otras veces al estar o ponerse contra la pared. Con piezas que podÃan haberse escrito más de cien años atrás y otras que seguirán sonando tan frescas en 2050 como cuando se publicaron en 1998. Entre estas, la que titula la obra. Una balada que funciona como una canción de amor y de protesta y que va dirigida a una colina, la que sirve de mundo iniciático al protagonista y le proporciona y cimienta la educación que más importa, la emocional, la que no está en los libros de la escuela (también necesarios, pero secundarios), sino en el mundo real. De pequeño se conocÃa todos sus recovecos y los charcos frescos donde bañarse. De mayor le dio sustento cuando se hizo minero y bajando a sus profundidades halló aquello que le libraba de penas y preocupaciones. Hasta aquÃ, la canción de amor. A partir de ahÃ, la de protesta. Porque ahora que la mina ha sido saqueada y vaciada de todo, la empresa clausura su explotación. Él se queda y seguirá viviendo ahÃ, porque es viejo y ella, su hogar, y hay un escalofrÃo en el aire que solo los mineros perciben, pero ¿de qué va a vivir? Resuenan guitarras, mandolina, banjo, violÃn, dobro y voces, entre estas últimas la principal es la de un Earle que hace gala de sus mejores dotes para meterse en la piel de los apaleados (sabe de qué va el cuento porque ha sido uno de ellos, eso sÃ, por voluntad propia, llamémosla rebeldÃa, y no por origen social: en eso, hablando de sus héroes, coincide con Bob Dylan y Townes Van Zandt, pero no con Hank Williams y Bruce Springsteen, nacidos carne de ‘white trash’). Canta como si le estuviera pidiendo matrimonio a un montón de piedras. El efecto es realmente emocionante, porque su garganta y los instrumentos casi lloran. Un acto de fidelidad y lealtad de esos que son capaces casi todos los perros pero pocos humanos. Sombreros fuera, va por ti, Steve. QuerÃas canciones que te sobrevivieran y aquà tienes una que es eterna.
Tags: Bill Monroe, bluegrass, Del McCoury



Billy Joe Shaver. Texas, Austin, marzo, 2009. Ahà está, cantando al aire libre, el hombre que ha sobrevivido a las perversas grandes bromas del destino –perder a tu esposa y a tu madre el mismo mes, por poner un ejemplo, ¿cómo se cataloga?; poco después murió su hijo, por culpa de las drogas duras-, dándonos una lección de resistencia, de “sà gente, he flirteado con la muerte pero al final me voy a quedar con la vidaâ€. Él es de uno de esos veteranos de la poesÃa del honky-tonk que cuando canta “lo que darÃa por un pedazo del ayer†te lo crees. Que Bob Dylan lo haya mencionado en una canción de su álbum “Together Through Life†(2009), concretamente en “I Feel A Change Comin’ Onâ€, ha puesto el nombre de Billy debajo de focos a los que no está habituado. “Estoy escuchando a Billy Joe Shaver, estoy leyendo a James Joyce, alguna gente me dice que tengo la sangre de la tierra en mi vozâ€, canta Bob en ese tema. Artistas importantes: Shaver, Joyce, Dylan. Porque Billy es eso, un artista importante, alguien que no está en el negocio solo por el negocio, sino para sacudirse y sacudirnos demonios. Septuagenario desde el pasado agosto, este texano de Corsicana publicó en septiembre de 2005 el disco que hasta la fecha mejor define su vejez, “The Real Deal”. Y como ariete de ese álbum, lo primero que ahà suena es “Live Foreverâ€, un guiño a su fallecido hijo Eddy que, con el apoyo del dúo de Nashville Big & Rich, Billy Joe reinterpreta poniendo toda su maestrÃa sobre el asador. Insisto: cada palabra que canta te la crees. “Voy a vivir para siempre, pero me vas a echar de menos cuando me haya idoâ€, nos dice. Valiente, la canción se roza con el ‘mainstream’, o directamente le coge de la mano, pero sin perder ni un ápice de su esencia country. Su cualidad de himno que se siente invencible no entra en contradicción con la intimidad que desprende. Lo genérico no doblega a lo especÃfico. Como si Billy quisiera apuntarse al club de los “Jokermanâ€, “Dancing In The Dark†y “First We Take Manhattanâ€. ¡Aceptado!
Girando con John Doe & The Sadies en la furgoneta, viajando de Zaragoza a Barcelona un 25 de octubre. En el aire, la selección que John ha previsto. Un hombre en la etapa tranquila que se toma su hilo musical de carretera como se deben tomar las curvas y las rectas: sin el giro imprevisto ni el acelerón de sopetón. Y en esas que suenan Richmond Fontaine y su canción “Post To Wireâ€. Estaba en su quinto álbum, del mismo tÃtulo y publicado en 2004. Pocos discos hubo aquel año en las cubetas de lo que llamamos americana que tuvieran tanto encanto. Con las letras de su alma máter Willy Vlautin –serio aspirante a mejor escritor de ese cosmos; además de que canta parecido al Jeff Tweedy de los medios tiempos- metiendo compasivamente el dedo en la llaga de los perdedores y los dejados de la mano de Dios. Rodeados de prohombres del negocio –el ingeniero Larry Crane y sus estudios Jackpot! (Sleater-Kinney, Elliott Smith) y el productor JD Foster (Richard Buckner, Dwight Yoakam, Marc Ribot)- los de Portland (Oregon) destilan su sonido como nunca antes habÃan hecho, haciéndolo menos pedestre, más llevadero y aromático (tremenda la constante presencia de la guitarra pedal steel de Paul Brainard, un antÃdoto contra la ley de la gravedad que hace levitar las canciones sobre tu imaginario del desierto de Nevada). Total, que en ese decorado aparece “Post To Wireâ€, la canción. Se trata del primer dúo publicado por el grupo, con Vlautin compartiendo micrófono con Deborah Kelly, de The Damnations. Es una de esas confesiones con dos cojones, de pareja que no funciona y se lo echan en la cara con más cariño que otras cuando se dicen (mintiendo, claro) que se aman con locura. ‘Americana meets Motown’, en un delicioso visto y no visto de dos minutos y trece segundos. “Si todo el mundo es capaz de joderla y yo sé que tú y yo lo hacemos, ¿no tiene sentido que sigamos haciéndolo juntos?â€. Andan de gira por España estos dÃas, presentando su reciente”We Used To Think The Freeway Sounded Like A River”, del 27 al 31 de este mes (Madrid, Valencia, Bilbao y Barcelona). No sabemos qué música sonará en su furgoneta. Pero sà que sus directos epatan.
El colmo del comodÃn: que de uno, que sirve para todo, alguien, como consecuencia de lo primero, pueda pensar que no sirve para nada. The Sadies: la banda comodÃn por excelencia. ¿Para qué sirven? Pues, sinceramente, sirven para casi todo. Y por eso lo mismo respaldan a ese anciano cantante de rhythm’n’blues que le canta a la lascivia como si fuera Ruth Brown con el rabo inquieto y la barra libre (Andre Williams) que se ponen tras el capo del country insurgente que llegó del Reino Unido para reinar en el Chicago de Bloodshot Records (Jon Langford). O le dan un excelso empujón instrumental a la cantante ‘roots†más alabada tras Lucinda Williams, ergo Neko Case. A estos canadienses en cuestión, The Sadies, se les ha colgado el estigma de banda de country, de bluegrass o de folk cósmico. Y nada de eso, de esa ruralidad, es mentira. Pero dan más de sÃ. Dan para lo que quieras. En el último disco que han firmado con su nombre, “New Season†(2007), tocan varios palos y no flojean en ninguno. Pero, más allá de su querencia por lo campestre, hay vida urbana en su música. “A Simple Aspirationâ€, el noveno corte de ese álbum, es una prueba irrefutable: podrÃa pasar, tranquilamente, por un clásico del sonido Paisley Underground, ese rock de Los Angeles inspirado por el “peace & love†de los 60 y que utilizó la sombra de The Byrds como un antÃdoto contra el hardcore. Un estilo que, entre otros, tiene como representantes punteros a The Dream Syndicate. Asà que ya que citamos a este estupendo grupo, “A Simple Aspiration†podrÃa pasar, desde luego, por una de las mejores canciones del disco que en 1988 facturaron Steve Wynn y compañÃa, “Ghost Storiesâ€. Letras en plan viaje mÃstico, unas voces trascendentales, el eco alucinógeno de la psicodelia brumosa de “Eight Miles Highâ€â€¦ Ese es el hecho diferencial de estos canadienses: que pueden venir a España esta semana acompañando a John Doe (que, no lo olvidemos: he was a punk-rocker!) para presentar un disco de clásicos del country –ya sabes, ¡‘Roky Mountains’ está de gira!-, pero por debajo de su sonido se van a mover muchos hilos de la música norteamericana, muchas décadas, mucho saber qué se pisa y por qué se pisa. Con The Sadies has de escuchar siempre más allá de las evidencias. “A Simple Aspiration” es un buen ejemplo.
Mudhoney. El grunge. Seattle. Todo aquello. Fueron la otra cara de Roy Acuff y sus treinta millones de discos vendidos. De esos Estados Unidos de la camisa por dentro del pantalón. Acuff: una leyenda del country y un hombre obsesionado con el yoyó. Nacidos en los 80 de Ronald Reagan, decenas de Kurt Cobains no sabÃan qué hacer: o recuperar valores musicales -¡la intensidad!- o mutarlos. Para empezar, se pusieron la camisa por fuera del pantalón. Steve Turner, que militó en Mudhoney y rozó su carrera con la de componentes de Pearl Jam, también lleva a un Roy Acuff dentro. Pero no comulga, como aquel, ni con los republicanos ni con, que sepamos, la fiebre por el yoyó. Con lo que sà está de acuerdo es con el disfrute de la raÃz musical que, partiendo de mitos como el viejo Roy, nos conduce al porche y una tarde solitaria de febrero. De manera que con nada que envidiar a Richard Buckner se marcó en 2005 un notable EP de nueve cortes que se titula como la canción que ha dado pie a estas lÃneas. Folk y country, ergo tradición, pero con las camisas por fuera. El toque alternativo, ya sabes. En “Beautiful Winter†no solo te seduce la música, tan convincente y al mismo tiempo tan flemática, con esos riffs de guitarra y esa baterÃa andando sobre el ritmo como si no tuviera prisa por llegar a ningún sitio. Está la historia, ese diálogo entre Turner y la británica Holly Golightly en el que ambos juegan al gato y al ratón alrededor de la margarita del humor. Luché contra la botella, pero tuve que hacerlo borracho. Lo escribió Leonard Cohen y algo parecido le ocurre al personaje que interpreta Steve, que busca una redención sentimental en esa chica apoyada en la pared del bar. Pero ella lo tiene claro: ¿qué significa que haya tantas ex novias tuyas por el mundo? Yo no quiero ser la siguiente. Y lo va poniendo en su sitio, mientras él le insiste con las estrellas y el infinito. En fin, no tenÃa que haber durado para siempre, concluye, pero podrÃa haber sido un bonito invierno.
Aunque la grabaron Elvis Presley y Engelbert Humperdinck en 1971, la versión que se hizo más famosa y comercialmente más arrasó fue la de la cantante country Sammi Smith, también de aquel año. Incluso por encima de la original, que firmó Kris Kristofferson en 1970 en su gran y homónimo disco de debut. Tremendo escucharla, cantada por su autor, en la banda sonora de la pelÃcula “Fat Cityâ€, una de las cumbres cinematográficas no solo de su director, John Huston, sino de todo lo que se ha rodado alrededor del boxeo y los fracasados. Volviendo a Sammi Smith, tiene gracia lo suyo con este tema, porque como la letra va de la intimidad sexual –en resumen serÃa algo asà como “dejemos para mañana que me echen encima al demonio, esta noche necesito un amigo para eso que tú ya sabesâ€-, levantó cierta polémica que eso lo cantara una mujer de, entonces, solo 28 años. Si algunos de esos personajes hubieran sabido qué les esperaba años más tarde con Monica Lewinsky se habrÃan mordido la lengua. El caso es que la nómina de versiones de “Help Me Make It Through The Night†ha vuelto a crecer con la que John Doe And The Sadies han incluido en “Country Clubâ€. Uno de los ‘highlights’ de este muy sólido álbum de ‘covers’. Tremendo baladón el que se marca el que fuera lÃder de X, al llevarse la canción a un terreno de perdedor con causa y sin aspavientos. Alejado de las poses de un Casanova maduro y en las antÃpodas del rol calenturiento, Doe se ofrece como amante sincero y discreto que acolcha y se deja acolchar, de los que en la primera noche no te hará preguntas, porque él solo hablará con hechos, pero sà te va a preparar el café de la mañana siguiente. Detrás de su voz de dolor asumido, los canadienses The Sadies dejan caer arreglos esponjosos, con todas las cuerdas asociadas al country goteando en plan reloj de arena. Cuánta clase.

