“Honey Moon”, The Handsome Family

handsome-okEl trascendentalismo estadounidense tiene en The Handsome Family a sus más firmes representantes de los últimos años. Hablamos en términos musicales, claro. De esa comunidad de fantasmas que pasa de “Anthology Of American Folk Music” (1952) de Harry Smith a “The Basement Tapes” (1975) de Bob Dylan y The Band y de ahí a “No Depression” (1990) de Uncle Tupelo. Hablamos de un territorio medio mítico, casi surrealista, de topografías imaginarias, de los poemas de Emily Dickinson y las baladas de Johnny Cash. El matrimonio formado por Brett y Rennie Sparks lleva caminando por ese sendero desde 1995 militando en ese club. Dándole la razón a uno de sus mayores fans, el crítico Greil Marcus, autor del muy interesante libro “La república invisible”, y a sus teorías sobre “la otra América”, que ponen el énfasis en lo extrasensorial y lo intangible. Un terreno que la pareja que nos ocupa se ha trabajado a conciencia, infiltrándose en el inconsciente puritano de sus compatriotas a base de historias morbosas y mucho sarcasmo. Tirando del humor negro. Sus letras (las escribe ella) son poco convencionales: si alguien tiene que escuchar voces de ángeles dentro de las patatas, las escucha. Su música (la compone él) coge al country y le da brochazos de gravedad y vals casero, entre lo atemporal y el guiño travieso al presente (se aceptan ‘laptops’), Una fórmula que en su último disco, el noveno –que nos vienen a presentar oficialmente en la gira ‘Roky Mountains’ de la próxima semana- ha variado. El motivo: lo publican para celebrar que llevan veinte años casados, así que se adaptan a las circunstancias y desaparecen de sus relatos los suicidios y los asesinatos. Dejan de lado la ironía y apuestan por la celebración, aunque a su manera: les escuchamos cantar que el amor es como una mosca zumbando al sol. También la música es más ecléctica de lo habitual, como si de la misma manera que, se supone, han repasado los diferentes estados por los que habrá pasado su relación a la hora de componer estas letras, en plan álbum de fotos, también hubieran parado atención a los distintos acentos sonoros que han pronunciado en sus tres lustros de carrera. Todo, claro, bien pasado por su túrmix. Por eso el soul con somníferos de “My Friend” convive con el pop sintético de “Love Is Like” como si tal cosa. Son unos clásicos contemporáneos, y por mucha humildad que le echen hay que decírselo en la cara.

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