“Drunken Angel” (1998), Lucinda Williams
Blaze Foley era una bala perdida. Un tipo que nació ¡en una casa en un árbol! y que se pasó media vida apuntado al club de los sin techo. Tuvo padrinos que intentaron que los aficionados al country y al folk, en especial si estos andaban pringados de sur estadounidense, se fijaran en él y valoraran su talento, predestinado a la oscuridad por su amor a los extremos –a los del alcohol y a los de la filantropÃa-. Merle Haggard y John Prine estuvieron entre esos mentores, y ambos no son moco de pavo. Townes Van Zandt le dedicó “Blaze’s Bluesâ€. Palabras mayores. Y también hizo lo propio Lucinda Williams, quien en su aclamado “Car Wheels On A Gravel Road†(1998) incluyó un homenaje a Foley, “Drunken Angelâ€. Una de las canciones más estremecedoras de ese álbum. “Por qué dejaste que las cosas llegaran tan lejos, ángel borrachoâ€, le canta, entre poéticas alusiones a sus ropas de huérfano, a sus deudas, a la sangre salpicando las cuerdas de su guitarra, al disparo que acabó con su vida (por interponerse entre una pistola y un anciano a quien querÃan robar)… La ha interpretado estas noches, durante su reciente y primera gira por España. Y lo ha hecho con esa voz robusta pero herida, que acolchaba el recuerdo de Foley como si fuera lava tibia salida de un pozo de compasión. Se iniciaba el tema y parecÃa un ataque de inspiración excelsa firmado por los Heartbreakers de Tom Petty, para pasar a continuación a una mezcla de rapapolvo y caricia que retorcÃa a Williams por dentro. Canciones asà la han hecho tan grande.
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