“Nothing Gold Can Stay”, The Duke & The King
Liberado momentáneamente –se ha pedido una excedencia- de The Felice Brothers –donde cantaba, tocaba la baterÃa y, ocasionalmente, la guitarra-, Simone Felice ha puesto en marcha este proyecto en el que deja de lado el marcado factor rural de la banda familiar y se dedica a hacer canciones para los estantes del pop de orfebrerÃa. Ãntimas, ‘vintage’ por un lado y agarradas a los tiempos que corren por otro, de letras confesionales pero no literales, de frases literarias y dolidas. La perdida de una hija antes de llegar al parto le hizo reflexionar. Mucho. Sobre la inocencia perdida. Sobre la adolescencia y los sueños que desde ahà se persiguen, hasta que al perderlos perdemos, sÃ, claro, la inocencia. ¿Y se puede entonces volver a empezar? Debe poderse. Es lo que persigue con The Duke & The King: abrir otra puerta que le muestre otro paisaje. Nuevo y viejo, virgen y ya vivido. Escuchadas sus diez canciones una y dos y decenas de veces, solo queda rendirse a la evidencia: este “Nothing Gold Can Stay†es uno de los mejores álbumes aparecidos este año. Tiene diálogo interior y anzuelos de complicidad, estribillos de flechazo instantáneo y rincones donde la belleza se esconde tras velos. Cada arreglo está en el sitio que le corresponde, cada palabra que se pronuncia tiene un sentido y es sentida por quien la pronuncia. El álbum fue parido en un estudio-caravana, al estilo del debut con que Bon Iver deslumbró en 2008. Las comparaciones que le caigan con ese “For Emma, Forever Ago†no van desencaminadas. Como no lo irÃa una que dijese que el tema “Summer Morning Rain†suena como un clásico perdido de Cat Stevens que ahora emergiera a al superficie. De hecho, todo el disco podrÃa ser un clásico perdido de hace cuatro décadas, si no fuera porque el tratamiento del ritmo, a cargo de Robert “Chicken†Burke (ex colaborador de George Clinton), y de las mezclas, obra de “Bassy†Bob Brockmann (especialista en hip hop), lo hacen deslizarse como no se hacÃa en los años 70, adentrándolo, con un paso hacia atrás y dos adelante, por terrenos onÃricos a la manera de Vic Chesnutt (“Lose My Selfâ€) o por otros de folk de tabaco de liar y chicas de California a la de Crosby, Stills & Nash (“Suzanneâ€). Más que una muy grata sorpresa. Tu refugio country-soul para los dÃas duros.
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