“Hungry Bird”, Clem Snide

Clem snide Hungry bird
Con esos aires tan suyos de atractivo profesor chiflado, Eef Barzelay vuelve a poner en circulación a Clem Snide. Ahora te hace pensar en George Clooney haciendo de Harol Lloyd, luego en un Charlie Rivel instalado en Nashville entre la risa y el llanto. Un tipo con personalidad. “Hungry Bird†subraya esa inteligente ambivalencia suya, marca de la casa. Otra serÃa lo bien que sabe nadar entre el indie rock para la madrugada y el country alternativo con traje pero zapatillas deportivas. El disco presenta una asombrosa tripleta final de canciones (“Bird Of Beesâ€, “Prayâ€, “With All My Heartâ€), que aspiran a entrar en futuras recopilaciones de lo mejor del grupo, si las hubiere, y el conjunto no suena a plato recalentado con prisas, a pesar de que es un proyecto que se quedó a medias en 2006 y que Barzelay no recuperó, para finalizarlo, con una formación renovada, hasta hace unos meses. Y si en directo Eef se mete con descaro tragos de la medicina de The Replacements, en estudio aún apuesta por una manera de hacer las cosas que se asemeja más a Lambchop. Unos Lambchop con el travieso de la clase al volante. El travieso y el irónico, claro, porque las letras que escribe no dejan de lado esa rebaba de burla fina que deja caer cuando nos habla, sobre todo, de fe y amor (¿acaso no son la misma cosa?). Un muy digno retorno al campo de batalla, merecedor de la medalla de bronce en su ya larga trayectoria de dieciocho años (compartirÃa ese metal con el romántico “Soft Spotâ€, de 2003; el oro sigue siendo para “Your Favorite Musicâ€, de 2000, y la plata para “The Ghost Of Fashionâ€, de 2001).
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